Mi último día sin tí

Anoche llegué a casa muy tarde, estaba demasiado cansado. No supe ni qué hice al llegar, ahora sólo sé que debí haberme preocupado por verte una última vez. Desperté y caminé hacia nuestro cuarto, estuve muy sorprendido al encontrar el cuarto intacto y la cama vacía. Tan sólo ponía una nota sobre ella. Me acerqué muy lentamente deseando que no fuera lo que estaba pensando. Tome la nota y comencé a leerla.

¡Maldita estupidez mía, causante de tantas desdichas para ti! No pude evitar llorar mientras leía. Era tu carta de despedida, lloré incansablemente, deseé estar muerto, deseé no haber sido tan estúpido todos estos años, deseé haber sido un mejor esposo contigo. Desear era ahora en vano, ya no estabas y de pronto todo comenzaba a nublarse. Derramé amargas lágrimas de desesperación y tristeza sobre tu nota. “El amor es efímero, y el nuestro no era la excepción; ya no siento que me ames. Lo mejor será despedirnos. Ten una buena vida” eran las últimas palabras de tu carta.

Caminé hasta la sala aún llorando, podía sentir en el viento tu ausencia, las paredes gritaban a gritos tu nombre y yo no podía dejar de pensar en dónde estarías. Me senté en el sofá con lágrimas en los ojos. Traté de calmarme pero no pude hacerlo. Vi una foto de ti encima de la mesa, la tomé lentamente y acaricié su rostro mientras imaginaba las veces que te acariciaba y tú me sonreías. A mí mente vinieron un sinfín de recuerdos, visualicé todas las veces que juntos divagamos por el mundo.

Sentí una horrible amargura en el pecho. Lloré con más fuerza. Tiré tu foto al suelo con rabia y salí hacia la cocina arrasando todo lo que veía a mi paso. Tomé una botella de vodka y comencé a beberlo, lo bebía mientras lloraba y mientras gritaba tu nombre al aire muy fuerte. Me sentía cada vez más estúpido, cada vez más miserable. Al subir a nuestro cuarto vi todas nuestras fotos colgadas en la pared. Me lancé sobre ellas y las arranqué con furia de allí.

Rompí cada retrato de nosotros, cada foto que tuviéramos la iba despedazando lentamente mientras gritaba fuerte Te odio. Al final destruí todas nuestras fotos, excepto una. Quedó intacta en el suelo una única foto tuya, la tomé lentamente mientras admiraba tu idílico rostro, ese que alguna vez tuve la oportunidad de acariciar con mis manos. Aún tengo el sello de tu rostro marcado en mis dedos. Me eché a llorar como una niña pequeña cuando le quitan algo que quiere mucho mientras veía tu foto, la sostuve contra mi pecho y grité Te amo muy fuerte.

Yo era la niña pequeña, y tú eras aquello que me habían arrebatado, aquello que tanto quería, aquello que tanto amaba. Seguía llorando amargamente mientras abrazaba tu foto y gritaba fuertemente tu nombre seguido de muchos Te amo. No pude resistir más la tristeza y salí de allí. Guardé tu foto en mi bolsillo y caminé hacia nuestro lugar secreto, ¿lo recuerdas, cuando solíamos estar horas allí amándonos infinitamente? Estuve allí por unos minutos recordando lo mucho que nos divertíamos allí, fue como haber viajado al pasado sólo para vernos a nosotros siendo felices. Aún con lágrimas en mis ojos sentía que debía hacer esto.

Me recosté en el suelo, saqué tu foto de mi bolsillo y la puse justo encima de mi corazón, el cual latió siempre por ti. Pero ahora ya no estabas y él parecía haber enfermado, ya no latía fuertemente. Era como si le faltara su otra mitad para funcionar. Ya estaba decidido, me curaría de todos mis males. Saqué de mi otro bolsillo un cuchillo que había tomado de la cocina y comencé a rasgar fuertemente mis venas. Sentía un inmenso dolor al atravesar mi piel con el cuchillo; pero ese dolor no se comparaba con el dolor de saber que me había abandonado para siempre.

La sangre corría por mis manos rápidamente, sentía que estaba a punto de morir, sentía que mi estúpida y enamorada alma comenzaba a salir lentamente por cada profundo corte que había hecho. Tomé tu foto y escribí con sangre las palabras Te amo; justo después de terminar, sentí que mi cuerpo comenzaba a paralizarse. Sentí el amargo y sublime dolor de la muerte recorrer cada parte de mí, y sentí que mi alma salía de mí tristemente mientras seguía admirando por última vez el esplendor de tu rostro.

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