Busca un saco


Existía cierta vez un hombre quien guardaba muchos resentimientos contra muchas personas y pasaba su vida discutiendo con los demás. Era tremendamente infeliz.

Cierta vez se encontró con un sacerdote muy sabio, quien le pidió que fuera a la montaña, la atravesara y que cada vez que tropezara con una piedra, un tronco o cualquier otro obstáculo, lo echara dentro de un saco que el sacerdote le dió.


Al atardecer, el hombre volvió triste porque no pudo finalizar, ya que es muy normal tropezar en la montaña y era imposible terminar el viaje de esa forma, dijo. «Y aunque al principio pude seguir, llegó un momento en que era demasiado peso e incómodo», comentó.

El sacerdote le dijo entonces: «Pues, eso es lo que pasa con tu vida. Si cada vez que tienes un problema o una diferencia con alguien echas esa carga sobre tu alma, tu camino se hará cada vez más pesado y no podrás seguir. Ahora que sabes qué debes hacer, toma este saco y siempre llévalo contigo, y cada vez que tengas un problema con alguien echa esa situación en este saco. Visita la iglesia cada vez que puedas, pide perdón por lo que has hecho y sigue adelante de la mano de Jesús».


Desde entonces, aquel hombre asistió fielmente a la iglesia cada domingo y cada vez que tenía un problema con un hermano, abría su saco y lo echaba en él. Saco éste que, a diferencia del primero, estaba roto y tenía un gran agujero en el fondo.

Aquel hombre encontró el camino para ser feliz: Dejar de cargar con resentimientos, odios y dificultades más de lo debido, y acercarse a Jesús cada vez que tenía la oportunidad.

Si tu vida se te hace pesada y crees que no puedes seguir adelante, te recomiendo acercarte a Jesús y lo invites a nacer en tu corazón. De regalo, le puedes pedir un saco con un gran agujero en el fondo.

Triste es cuando otros te fallan, cuando esa gente en quien confiaste y creíste tus amigos te desilusiona e incluso habla mal de ti. Desearías poner en evidencia su error. Sientes odio, tristeza, dolor y desilusión al mismo tiempo. Y al final no sabes qué sentir.

Aunque esto te pase, sigue creyendo en la amistad sincera. Sigue dando lo mejor de ti a las personas y nunca pagues con la misma moneda.


Si te han fallado, haz lo posible para no fallar.

Si te han desilusionado, sé siempre recto para no cometer el mismo error.

Si te han calumniado, ofrece a Dios esa situación. Que sea Él quien juzgue; pero no envenenes tu corazón con el deseo de hacer justicia.

No importa el error que otros hayan cometido, no te hagas insensible y frío ante las personas quienes te necesiten.

Sigue haciendo el bien; sigue creyendo; sigue ofreciendo lo mejor que tengas y, ante todo, deja el juicio en las manos de Dios.

La vida es hermosa y tienes la oportunidad de seguir viviendo. Sigue adelante tu camino sin ver los tropiezos tuyos y menos los de los demás, como obstáculos.

Y no cometas los mismos errores que otros hayan cometido contigo.


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